Misión del
Instituto Peralta Ramos

Nuestro colegio es un centro educativo católico que la Iglesia a través del Instituto de los Hermanos Maristas ofrece a la sociedad, para promover la formación integral de sus alumnos, para lograr hacer de nuestros alumnos “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”

Misión Educativa Marista

Maristas



Educación católica

Con los obispos latinoamericanos creemos que la educación es un factor esencial y decisivo para una cultura más acorde con las necesidades del hombre y con el proyecto de Dios.que a través de las Obras Educativas Católicas contribuimos a dar sentido evangélico a toda la realidad humana. De aquí que nuestras obras brinden un claro y explícito servicio evangelizador. Educación, persona y sociedad En la visión del P. Champagnat, educar es motivar el desarrollo integral de la persona, cultivando todas sus dimensiones. Es facilitar al joven la consecución de los valores que lo humanizan y personalizan, tales como la solidaridad, la sociabilidad, la libertad, el respeto, la responsabilidad, la trascendencia, para llegar a ser “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”.



Estilo de enseñanza

La pedagogía marista “Hacemos nuestro su pensamiento de que “para educar bien a los niños hay que amarlos, y amarlos a todos por igual”. Según este principio, las características particulares de nuestro estilo educativo son: presencia, sencillez, espíritu de familia, amor al trabajo y seguir el modelo de María. Intentamos adoptar estas actitudes y valores como nuestra forma de inculturar el Evangelio. Es la suma de estas cualidades y su interacción lo que da a la metodología marista su originalidad, inspirada por el Espíritu.” (MEM. nº 98)tradición pedagógica marista se nutre de la experiencia y la reflexión educativa, desarrolladas desde Marcelino Champagnat y los primeros Hermanos hasta nuestros días.

Desde esta perspectiva podemos destacar algunos aspectos esenciales y peculiares:
Una pedagogía integral Nuestros primeros Hermanos ya hacían referencia a "Educar todo el niño".

Hoy este principio sigue orientando nuestro servicio educativo-evangelizador favoreciendo el desarrollo y el crecimiento integral de la persona:
promoviendo la construcción del conocimiento, la reflexión en la solución de los problemas y desarrollando una postura ética frente a las nuevas tecnologías de la ciencia y de la información. una educación personal que acompañe a cada uno según sus necesidades y posibilidades que favorezca el ambiente humano para la maduración individual.

Una pedagogía mariana María, madre y educadora, inspira toda la propuesta y el proceso educativo marista, siendo el camino que nos conduce a Jesús de Nazaret. Ella educamos desde:

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La presencia


La pedagogía de la presencia encuentra su raíz en el pensamiento del Padre Champagnat: "Para educar a los niños hay que amarlos". Esta presencia tiene un sentido preventivo, que implica: estar, estar cercano, estar con alegría, sin abrumar ni inhibir, saber retirarse a tiempo, alentar a crecer y a actuar con libertad.(Ref. MEM. nº 99) Presencia que permite conocer mejor a la persona y colocarse de parte del más necesitado.

- La sencillez: Característica que desde nuestros orígenes, se expresa, entre otras formas, por el amor preferencial a los pobres y sencillos; la búsqueda de los objetivos sin rodeos inútiles; y la actuación sin doblez ni orgullo, buscando la esencia y no la apariencia. (Ref. MEM. nº 103)

- La vida de familia: “El gran deseo y la herencia del Padre Champagnat es que nos relacionemos los unos con los otros y con los jóvenes como miembros de una familia que se ama. Procuramos hacer realidad ese deseo incluso en nuestras obras educativas más amplias y complejas.” (MEM. nº 107) El espíritu de familia se vivencia en el trato sencillo y dialogante, y en la acogida cariñosa y participativa de todos los miembros de la comunidad educativa.



El espíritu de trabajo

La pedagogía del trabajo es expresión del espíritu mariano de sencillez y vida de familia. Frente a la indolencia y la facilidad excesiva propone el esfuerzo y la constancia. (Ref. MEM nº 112)

- La interioridad y la relación con Dios: Como María, que "guardaba todo en su corazón" (Lc 2, 19) y supo interceder por quienes amaba (Jn 2, 3-5), los educadores maristas creamos un espacio para acoger en la oración a nuestros alumnos y hablarle de ellos a Dios. Nuestra confianza radica, no sólo en el esfuerzo que hacemos para enseñar, sino en la bondad del Padre que nos ha llamado a esta vocación y nos escucha, y en la "Buena Madre", siempre atenta a las necesidades de sus hijos. (Ref. MEM nº 117, 121) Una pedagogía participativa Proponemos una pedagogía en la que la persona, artífice de su propio crecimiento, se asume como protagonista, implicándose activamente en el proceso educativo personal y grupal. Una pedagogía del testimonio “Nuestra tarea educativa no es sólo una profesión, es una vocación. El Papa Pablo VI nos recordaba que “los hombres y las mujeres de hoy escuchan mejor a los testigos que a los maestros, y si escuchan a los maestros es porque son testigos”.” (MEM. nº 94) (Ref. MEM. nº 95, 96)

Una pedagogía

que parte de la vida y se orienta hacia la vida

Entendemos que la vida misma es fuente de formación. En efecto, desde la vida, el niño y más adelante el hombre, tendrá que seguir formándose. Por ello, educamos para que la persona aprenda a aprender desde la vida. El centro educativo marista busca dar respuesta a las necesidades de las personas en la situación de vida en que se encuentran. Esto reclama una capacidad de adaptación, tanto a nivel de contenidos como de métodos, para ofrecerles los instrumentos adecuados a su realidad. Esta pedagogía de educar desde y para la vida orienta también la formación religiosa, que queremos se traduzca en una ética concreta y no en principios abstractos.

Una pedagogía desde y para la solidaridad "Hemos nacido de una experiencia evangélica de solidaridad: Marcelino nos intuyó en los ojos de este muchacho ignorante. De ahí brota lo que constituye el fundamento de nuestra propia respuesta a las necesidades de hoy." (XIX C.G., Mensaje, 11) Estamos llamados a caracterizarnos por una particular sensibilidad frente a las situaciones de pobreza, límites e injusticias que surgen dentro de la comunidad y en el entorno social. Ello inspira un estilo pedagógico marcado por la preferencia al más débil, por la delicadeza, por la entrega generosa, por la no discriminación, por el saber disimular las dificultades ajenas. Atender a nuestros niños y jóvenes con mayores dificultades es crear estructuras de apoyo, grupos de recuperación, acompañar pacientemente a quien va con retraso y ofrecerle estímulos